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De vacaciones con mi cuñada

A veces las cosas conspiran de tal modo que no se puede sino caer en la tentación
Un relato erótico de mastema publicado el 06/06/2013, con 41.203 lecturas hasta la fecha

Se acercaba el invierno y habíamos decidido hacer una última escapada suave al Pirineo antes de que cayeran las primeras nieves; el caso es que a mis 28 años había empezado tarde con esto de escalar picos pero gracias a un cuerpo delgado y atlético más o menos podía aguantar igual que la mayoría.

Por motivos de exámenes mi novia se quedó en la capital y en su lugar vino, Sandra, su hermana, con sus 18 añitos recién cumplidos; a parte de nosotros dos, venían otros 3 amigos, dos en la veintena, otro que a sus 50 años tenía más vida que todos nosotros juntos y el dueño de la cabaña donde nos alojaríamos.

Tras una cena sencilla pero que supo maravillosa y sirvió para reponer fuerzas y entrar en calor comenzamos a hablar y a bromear; Sandra pidió permiso para poner algo de música y todos accedimos encantados. Las suaves y lentas notas de un grupo folk local inundaron la cabaña.

- ¿Quién baila? - dijo Sandra tras danzar un poco con ella misma – Venga, Fran, que tú eres de pueblo y te lo sabes también.

- Rotundamente me niego. - contesté poniendo cara solemne

Entre risas y bromas los demás insistieron haciendo que al final cediera. La canción terminó y comenzó otra, "El último tango en Sercué". Sandra se pegó a mí y empezamos a bailar. No se si fue por las cervezas que llevaba... ni idea, el caso es que en ese momento algo cambió en mi interior.

Conocía a Sandra desde muy pequeña y aunque la había visto crecer nunca me había dado cuenta de que ya no era la niña que había conocido. Su cuerpo alto y delgado se apretaba contra el mío permitiéndome sentir su calor. Podía notar sus pequeños pero firmes senos a través de la tela de las camisetas, como su maravilloso culito empezaba poco más abajo de donde se encontraba mi mano, la proximidad de su pubis, su aroma... tuve que concentrarme para no tener una erección que indudablemente se hubiera notado a través de mi fino pantalón de montaña. Tras sólo esa canción me negué a continuar bailando corroído por el remordimiento de esos deseos hacia mi pequeña cuñada.

Para distraerme de tales pensamientos y con la excusa de la hora, propuse pasar a repartir los sitios para dormir pidiéndome el de al lado de la ventana. El dormitorio era en realidad un altillo en la cabaña cuyo ancho íntegro estaba ocupado por dos colchones de matrimonio colocados sobre el suelo. Los dos más mayores dijeron que ellos dormirían en el cobertizo, a pesar de lo cual el espacio sería reducido, aunque no tanto como para resultar incomodo.

- Jo, yo quería el sitio de la ventana... - se quejó Sandra – Bueno, pues el siguiente sitio es mío!

La perspectiva de dormir al lado de mi cuñada me hizo resoplar; esto iba a ser más duro de lo que esperaba. Cuando todos volvieron abajo yo me quedé arriba dándole vueltas a qué hacer, por un lado la tentación era terrible, por otro lo veía tan rastrero...

Andaba entre mis cavilaciones cuando la voz de Sandra me sacó de ellas.

- Fran! Vas a bajar ya? Es que quiero cambiarme...

Respiré hondo. En mi cerebro se dibujo su imagen cambiándose de ropa, sus firmes senos, su estómago liso... En ese momento se me terminó de cruzar el cable y tras decir que ahora bajaría cogí mi cámara de fotos y la coloqué estratégicamente escondida pero de manera que viese toda la habitación, la puse grabando en modo vídeo y me bajé.

Continué bromeando con los demás hasta que bajó Sandra, esta vez ya en pijama. Sólo de pensar en las imágenes que habría ahora en mi cámara me turbaba, así que no quise esperar más, dije que estaba cansado me subí al dormitorio.

Tomé la cámara y volqué el video en el portátil que llevaba. Dios, ahí estaba ella, ajena a mi intromisión. Se quitó la camiseta y el sujetador dejándome ver su maravilloso torso desnudo, pausé la imagen para poder admirarla en todo su esplendor; los huesos de sus clavículas se marcaban ligeramente y de estos su tersa piel blanca bajaba por dos preciosos senos cuyos pezones por efecto del fresco estaban totalmente erectos, su estómago era perfecto, totalmente liso.

Volví a darle al play, quería ver que más maravillas me deparaba el vídeo. Para entonces yo ya estaba con la polla a mil. De nuevo en la pantalla Sandra se incorporó y se quitó los pantalones, sus braguitas moradas me permitieron apreciar perfectamente sus curvas, sus manos se dirigieron a la cintura. Ahí estaba yo, a punto de descubrir el más íntimo secreto de la anatomía de mi cuñada y únicamente podía pensar en follármela y correrme sobre su senos desnudos. Comenzó a quitarse las braguitas descubriéndome su precioso trasero...

Unos pasos en las escaleras de subida me alertaron, cerré el vídeo y me guardé mi miembro que instintivamente me había sacado. La cabeza de Sandra asomó por las escaleras. Mierda, me había quedado con las ganas de ver el final del vídeo que prometía mucho, no obstante ahora la tenía ahí delante, con los pezones marcándose a través de la fina tela del pijama. Tuve que hacer un tremendo esfuerzo porque no se notase nada.

Tras hablar sobre los estudios un rato (durante el cual no pude dejar de imaginarme como sería follarme ese cuerpecito delgado) nos fuimos a dormir; la tentación más prohibida a solo unos centímetros de distancia.

Desperté en mitad de la noche, Sandra dormía a mi lado y debido al frío y a la necesidad de compartir la manta se había apretado a mí. Podía sentir su espalda contra mi pecho; su culito, tan cerca de mi miembro... Las imágenes del video volvieron a mi cabeza y de nuevo mi polla comenzó a hincharse. Cerré los ojos y respiré hondo, no debía hacerlo, no debía hacerlo...

Sin poder evitarlo me acerqué más a ella pegando mi entrepierna a su trasero, tan solo dos finas capas de tela nos separaban... decidí que tenía que pasar a la acción porque no iba a tener más oportunidades. Me moví un par de veces enérgicamente para comprobar como de dormida estaba, me incorporé un poco, le retiré el pelo de la cara y le soplé levemente. Como única respuesta ella se giró hacia mi quedándose boca arriba, profundamente dormida. Perfecto.

Con cuidado comencé a subirle la camiseta del pijama descubriendo su anatomía por segunda vez, pero ahora en vivo, en directo y a solo unos centímetros de ella. Tras la tela, mi lengua subió recorriendo suavemente su estómago hasta llegar a sus pechos donde me detuve y me separé un poco para poder recrearme en ellos.

Eran pequeños y firmes, casi como los de una niña que aún los tiene en desarrollo pero en el cuerpo de una joven de 18. Sus areolas marrones quedaban perfectamente definidas contra el color pálido de su piel. Acerqué mi boca a ese par de maravillas, sus pezones se pusieron durísimos al mero contacto con mi lengua. Me entretuve un rato jugando con ellos, chupaba uno mientras masajeaba el otro y al revés.

La respiración de Sandra comenzó a acelerarse así que me detuve a observarla temeroso de que se despertase pero nada, seguía durmiendo plácidamente. Sin perder de vista su rostro bajé la mano por su pecho y su estómago hasta meterla por debajo de la goma de su pantalón. Para mi sorpresa, no es que antes se hubiera cambiado de braguitas, sino que directamente ahora no llevaba. Mis dedos siguieron bajando en dirección a su entrepierna totalmente rasurada y suavemente comencé a acariciarla.

En sueños su rostro fue cambiando a una mueca de placer mientras su respiración se aceleraba aún más y su coñito se humedecía. Tras jugar un poco con su clítoris, introduje dos de mis dedos por su rajita, estaba tan lubricada que no tuve dificultad alguna. Miré un momento más su rostro de placer y me metí bajo la manta. Bajé un poco sus pantalones con sumo cuidado y comencé a lamer su clítoris mientras mis dedos entraban y salían lentamente entre sus labios vaginales. La oí gemir.

Noté como se movía un poco y me aparté rápidamente por si se despertaba (algo que sabía que tampoco me serviría demasiado pues no había demasiada excusa para que ella se encontrase medio desnuda). Ella se giró dándome la espalda por lo que maldije mi suerte porque no podía seguir con tan suculento banquete. Noté su culito junto a mi polla que para entonces ya pedía guerra y eso me terminó de volver loco.

Con cuidado le terminé de bajar los pantalones, saqué mi miembro y lo apoyé entre sus glúteos. Moví lentamente las caderas hacia adelante dejando que mi pene, bañado en una gran cantidad de líquido preseminal resbalase por su entrepierna hasta acabar alojado junto a su clítoris. Pasé una mano por delante y presioné levemente mi miembro hacia su rajita de modo que al moverme sus labios exteriores me hacían una paja que me estaba sabiendo a gloria. Seguí frotándome un rato hasta que sentí que de continuar me acabaría corriendo y manchando toda su entrepierna. No podía permitirme tal lujo pero había otro que si que podía.

Eché mis caderas un poco más hacia atrás y ayudándome con la mano presioné contra la entrada de su coñito. Noté como poco a poco este se iba abriendo para mi y mi polla iba invadiendo su interior. Involuntariamente ella movió una de sus piernas permitiéndome un mejor acceso y lentamente se la metí hasta el fondo. Permanecí así unos instantes, sintiendo el éxtasis de notar el calor de su vagina envolviéndome y comencé a moverme poco a poco. Su respiración se volvía cada vez más agitada y la lentitud de la penetración no evitó que progresivamente fuese notando como me acercaba al orgasmo.

Decidí jugarme el todo por el todo y aceleré un poco mis movimientos; me faltaba muy poco para correrme y sabía que ella tomaba la píldora anticonceptiva para regular la menstruación así que no habría ningún problema. Estaba a punto de terminar cuando noté que el cuerpo de Sandra se tensaba y sus paredes vaginales apretaban mi polla en un maravilloso orgasmo. En ese momento, sin poder evitarlo estallé en su interior llenándola con mi semen en una de las mejores corridas que he tenido en mi vida. Me quedé unos instantes más en su interior y cerré los ojos recreándome con lo que acababa de suceder.

Abrí los ojos de pronto, la luz de la mañana entraba ya por la ventana lo cual me asustó por si Sandra se había despertado pero no, ella seguía perfectamente dormida a mi lado. Comprobé en parte aliviado y en parte desilusionado que ambos estábamos vestidos tal y como nos habíamos acostado por lo que la experiencia de la pasada noche no había sido más que un sueño, pero no completamente. A la altura de mi polla noté algo húmedo en mi pijama, me había corrido de verdad y lo había hecho de tal modo que mi semen había traspasado la tela y había manchado los pantalones de Sandra a la altura de su culito que aún entonces estaba firmemente apoyado contra mi.

Me di la vuelta para evitar ponerme cachondo de nuevo y me tranquilicé, bueno si alguien preguntaba, había tenido una eyaculación nocturna, pero eso no era culpa mía. En cualquier caso, el recuerdo de mi sueño quedaba grabado a fuego en mi mente y entre eso y el vídeo tenía material para muchísimas pajas. La gente despertaría pronto ya que un nuevo día llamaba a nuestra puerta.

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Este ha sido mi primer relato y espero que hayan disfrutado tanto leyéndolo como yo escribiéndolo. Agradeceré críticas y consejos (estamos para mejorar). Gracias.


Un relato erótico de mastema publicado el 06/06/2013, con 41.203 lecturas hasta la fecha

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