Publicar anuncio

LA MAESTRA JUEGA A SER CULEADA

Por razones familiares, mi esposa tuvo que viajar al interior por el término de una semana, para atender a la tía enferma. Por lógica tuve que asumir sus tareas en la casa. Llevar a niño al colegio, y las obligaciones de la casa. Soy un tipo común,
Un relato erótico Anónimo publicado el 05/04/2007, con 34.750 lecturas hasta la fecha

Por razones familiares, mi esposa tuvo que viajar al interior por el término de una semana, para atender a la tía enferma. Por lógica tuve que asumir sus tareas en la casa. Llevar a niño al colegio, y las obligaciones de la casa. Soy un tipo común, alguien podría decir, con cara de nada. Esta pose me ha sido útil para el levante, al contrario en cuestión de minas, me considero rápido como el que más.

Llevé al niño al colegio, debía ver a la señorita Elena, la maestra, esperando ver a una maestra gorda y algo rezongona, es un estereotipo que tengo desde el colegio primario. Espero, hojeando el diario, ensimismado en la sección deportiva, escucho: – Señor, ¿usted es el padre de Nico? – Sí, ¡todo yo!

Levanto la vista del diario, y la veo. La señorita Elena joven maestra, buen trasero, no era muy bonita, pero atraían sus redondeces y gracia natural. No disimulo el atractivo, al contrario lo hago más evidente. – ¿Qué mira con tanto interés, qué tengo? – Perdón, no pensé que fuera tan evidente, discúlpame si te puse mal.

- No, pero me sorprende, que se fijen en mí, de ese modo.

- Todo lo contrario, tenés mucho para fijarse en vos.

En un rapto de audacia, tal vez por falta de sexo, me la jugué y dije: – A la salida, si no hay alguien que te espera, podría… pasar a buscarte y me explicas bien la encuesta.

- No… no hay… el novio… se fue por otro lado. Bueno, está bien. –titubeó y dudas, pero mi cara de nada ayuda a que las mujeres me crean.

La esperé en la esquina, del colegio, para disimular, sale última. Sube y le digo si podemos ir a mi casa, acepta sin objeción. Está cambiada, distinta, el pelo ahora suelto, sin lentes, mini insinuante. Durante el trayecto se la levanta, como al descuido. Me inquieta esa provocación, me ratoneo con esas piernitas, la cabeza y el deseo están a mil. La invito con un café. Solo encuentro del instantáneo, le pregunto si le da igual, asiente, busco los elementos para elaborarlo, con fingida torpeza intento hacerlo, le causa gracia y se ríe de mi poca habilidad para algo tan simple, aflora su instinto de maestra. – ¡Dejame a mí, lo preparo yo!

Pone manos a la obra, lo prepara, dándome la espalda, confirmo lo re bueno que tiene el trasero, respingón y sacudido al ritmo del batido. En la tarea, se entera que durante esta semana y tal vez la próxima estaré solo, que el niño, hasta mañana se queda en casa de la abuela.

Se acercó, provocativa para alcanzarme la taza de café, su cercanía esparce un aroma suave y delicado que altera a cualquier hombre que lleve casi una semana de abstinencia sexual, me dejo llevar por el instinto, paso la mano por atrás subiendo por los muslos. Sorprendida, creo que finge, pero comprensiva me mira a los ojos y dice: – ¡Qué cosa!… ¿no podés tener quietas las manos? -usa el gesto típico de una maestra reprendiendo al niño travieso.

La respuesta se hizo sentir en mi entrepierna, con el rabillo del ojo verifica lo que ha provocado en mí. Halagada, no hace nada por disimularlo, responde como un reflejo condicionado, dándome un piquito.

- ¡Gracias! Por no molestarte.

- Necesitaba que alguien se fijara en mí. – era sincera, agradecía la caricia.

Le tomo las manos en las mías, le doy calor. La siento en mis rodillas, se deja, mansa, busca “oreja amiga” para confiarse. Me refiere que Ariel, el novio ausente, desde los catorce fue el único hombre en su vida, por siete años sólo él, todos los planes y todos los sueños cayeron por la borda, cuando el tipo conoció a otra mujer y dejó todo, marchó a otra provincia a vivir con ella. Los últimos seis meses los pasó tratando de restañar las heridas de la traición, de olvidarlo.

- Tomamos una copa, ¿se nota que la necesitas? – No… no tomo habitualmente.

- Te va a hacer bien.

Propong

o un “chin chin”, ¡por el olvido de lo malo! Rió, bebió, bebimos. Por la segunda copa, ya estábamos sentados, recostados uno en el otro, con la cabeza en mi hombro, acurrucada como un pajarito asustado. Tiembla, el calor se le sube a las mejillas, respira como agitada, creo que algo más que el licor está haciendo efecto en ella.

Aprovecho la volada para meterle mano. Apoyo la mano en el muslo, no detiene la autonomía de la mano en el derrotero exploratorio, sigo subiendo, más y más. Responde con un beso, repite acomodando bien la boca para un beso con todo la furia. Me besó con ganas atrasadas, se dejó besar. Su boca era una brasa ardiendo que quiere apagar el fuego interior al contacto húmedo de mi lengua, pero solo consigue avivar ese fuego que la está quemando.

Recaliente, al palo, me pongo delante de ella y se la refriego entre los pechos. Descubro esos pechos firmes, pezones gruesos, bien erectos, le doy lo que necesitan. Trastornada por el efecto de mi boca y mi lengua comienza a suspirar, gemir profundo, se inquita, desespera.

- Quiero que hagas… -no puede seguir, ni falta que hace, sus gestos dicen lo que no puede el habla.

Uniendo el deseo a la acción, se saca la mini, quedando solo en biquini. Abre las piernas, se ofrece toda, quiere que la tome, que la haga mía, calmar el fragor del deseo. La levanto, siento sobre la mesada, mis manos debajo de su cola tomo el borde la biquini, levanta las nalgas para ayudar, la conchita, rezuma jugos, queda expuesta a mis caricias. Voy al “pesebre”, le meto lengua en la raja, toda mojada, se estremece violentamente, gime con sonidos profundos, música celestial a mis oídos de macho complacido.

La chupada fue deliciosa, el orgasmo apoteósico. La recorrió de arriba abajo, como un rayo, sacudió su pobre humanidad maltrecha por intenso e inesperado. Inerme quedó con los tobillos anudados en mi cuello, terminé de lamer el clítoris para darle tiempo a su tiempo de gozoso relax. La llevé al dormitorio. Custodio su recuperación, la espero con la calma propia de quien sabe que lo mejor aún está por venir. Revive, abre sus ojazos, sonríe como agradeciendo ser recibida de nuevo en la tierra, despacio, con firme determinación, dice, ordena: – ¡Ahora viólame!

La coloco de bruces, boca abajo, jugando al sometimiento, abro los cantos, los labios vaginales se dejan separar, coloco el pene en la puertita. Comienza el juego, una mano en el cuello, aprieto contra la cama, una nalgada y de un golpe se la mando toda adentro. Me la estoy moviendo con violencia, se resiste, se queja, sigue el juego, ella quiere darle más realismo, hace fuerza para salirse de la vara de carne que horada su sexo.

Este juego la excita sobre manera, vuelve a acabar, rápido y ruidosamente. Yo estaba que volaba de calentura, me dolían los huevos por la leche retenida, sin acabar aún. Con el pene adentro de ella, seguíamos el juego del sometimiento, amenacé con hacerle el orto, sodomizarla en ese instante.

- ¡Ahora te voy a hacer el orto, putita! – No, no quiero, no quieroooo…

Era juego, me gustó la idea de hacerlo, la avancé con todo el deseo.

Cuando se dio cuenta que la cosa iba en serio intentó zafar. Insistí, se da cuenta que la cosa va más allá de un juego, ahora siente que la cabeza presiona justo en el centro de su esfínter, sin remedio, asiente, pide suavidad y comprensión. Solo una vez se dejó por ahí, obvio con el novio, pero no era tan gruesa por eso accedió. Ahora es distinto, va en serio, me da un poco de miedo, la tenés muy gorda, era sincera. No se niega, quiere sentirme gozar, pero que se lo cuide.

Tomé de la mesa de luz el pote de nivea, crema para manos, unté el culito con el índice, movía en círculos, nos hacíamos amigos, lo dejó entrar, luego con el compañero, jugaron y rotaron hasta borrar su temor. Entre tanto ella se colocó una almohada debajo, para levantar más la cola. El dedo encremado recorrió por última vez el interior, se siente estrecho, menos temeroso. Entro despacio, con precaución, el canal es estrecho para el intruso. Le duele, detengo algo la entrada, se afloja, comienza a gustarle el juego, se la entro hasta los testículos, paro, espero. Se sentía violada, pero dichosa. La moví dentro de ella, ir y venir, tímidamente colabora, aguanté cuanto pude. Le hice una culeada para recordar por la eternidad.

Acabé con todo, quedamos latiendo en la misma frecuencia y con la

igual intensidad. Seguí dentro del culo, moviendo el miembro para sacar el remanente de leche acumulada, demorando la salida para darle tiempo. Sirvió, porque ayudada con mi hábil mano, le robé otro orgasmo que dijo fue su récord máximo, hasta ahora, recalcó con una sonrisa como para una propaganda de dentífrico. Descansamos un buen rato de las acciones y emociones. Le di a mamar la verga, hasta que se levantó nuevamente. La monté nuevamente, volvió a tener un par de orgasmos, cortos, que la dejaron regalada. Como no quería levantarme a buscar un preservativo, acordamos en terminarle en la boca. Cuando llegó el momento, la saqué de la conchita y llevé la leche a domicilio. Tragó todo. Su primera vez, no le desagradó, pidió repetirlo en otra ocasión.

Agradecimiento mutuo por la tarde lujuria que vivimos, nos despedimos caía la tarde y el deseo, beso de lengua, y quedamos en que al día siguiente la pasara a buscar por el cole. Durante la ausencia de mi esposa, ella fue “mi mujer”, nos dimos todos los días. Seguimos con las encamadas, un poco más espaciadas, aún después de noviar otra vez, seguimos teniendo sexo cada tanto.

De momento vive en el interior del país, pero la distancia es como el viento, apaga los fuegos pequeños, pero las brasas que nos consumió en su pasión son avivadas cada día. Nos prometimos seguir haciéndonos el amor cuando nos encontremos. Nadie podrá robarnos la alegría que tenemos cuando conjuguemos el verbo amar en la forma que nos prometimos. Un beso para vos, Elena. A la maestra con cariño.

La opinión femenina será valorada y respondida con todo afecto, quisiera conocer su opinión.

Autor: LUGANES luganes83 (arroba) yahoo.com.ar


Un relato erótico Anónimo publicado el 05/04/2007, con 34.750 lecturas hasta la fecha