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Mi papi y mi tío me la dieron

Mientras mi tío seguía dándome fuerte en la concha, papi me obligó a masturbarlo hasta tener el pene duro como un mástil. Se puso detrás de mí, y de una metió su verga en mi culito. Pegué un grito e intenté zafarme, pero después comprendí que
Un relato erótico de Relatos publicado el 19/02/2009, con 41.884 lecturas hasta la fecha

Mientras mi tío seguía dándome fuerte en la concha, papi me obligó a masturbarlo hasta tener el pene duro como un mástil. Se puso detrás de mí, y de una metió su verga en mi culito. Pegué un grito e intenté zafarme, pero después comprendí que no podía hacerlo, tenía que ser una buena perrita para mis dos machos.

¡Hola! Mi nombre es Romina, pero todos me dicen Romi y tengo 18 añitos.

Tengo ojos color miel y el cabello largo me cae en cascada sobre los pechos, que tengo como dos montañitas deseosas de ser tocadas y raspadas por la barba de un hombre. Mi piel es blanca y muy suavecita. Tengo la colita redonda y paradita y mi conchita es rosadita y pequeña, y siempre está mojadita.

Vivo con mi papi en una casa muy pequeña. Antes vivía con mi mami, pero cuando se casó con otro hombre, me envió a vivir aquí. En esta casa hay un solo dormitorio, así que comparto la cama con mi papi. Él es un hombre alto, como de 1,90 mts, tiene los brazos y el pecho fuertes, cubiertos de un vello oscuro y rizado, y una prominente pancita de beber tanta cerveza.

Me gusta que mi papi beba cerveza, porque cuando esta ebrio se pone cariñoso conmigo. Nos tiramos en la cama y nos revolcamos como dos pequeños sobre las sábanas. A veces a mi papi se le pone duro el pene y entre las caricias que me hace intenta pegar ese pedazo de carne contra mi cuerpo, a veces me lo refriega por las nalgas y respira fuerte sobre mi nuca, otras veces juega a ponerme de espaldas contra la cama, me toma de las caderas y me calza mi conchita contra su pedazo con fuerza, frotando y haciendo ruido como de animal.

A veces viene mi tío a visitarnos, él es grande como mi papi, sólo que es un poco más gordote. Yo quiero mucho a mi tío, siempre me llena de besos y me deja sentarme sobre sus piernas, haciéndome brincar como si fuese un caballito.

Lo malo es que mi tío siempre trae amigas para que él y mi papi tengan sexo con ellas, entonces me obligan a jugar fuera de la casa porque dicen que no puedo ver. Últimamente estamos escasos de dinero, así que mis dos hombres que tanto amo no pueden tener sexo, lo que me pone muy triste.

Papi y mi tiíto se juntan a beber y están todo el tiempo tocando sus vergotas sobre el pantalón y mirándome las nalguitas, a veces se sientan sobre el sillón y me recuestan sobre sus cuerpos para sentir el culito de una mujer calentito sobre ellos. Eso me provoca sensaciones super lindas y me invita a tocarme la conchita.

El domingo pasado pasó una cosa muy especial.

Como siempre, vino mi tío con mucha cerveza y mientras tomaban se fueron poniendo cariñosos, se reían y me pedían que me tocara el conejito, yo que los quiero mucho pensé que sería lindo que me hicieran a mí las cosas que les hacían a sus amigas, así que decidí que me dejaría hacer todo lo que quisieran. Se los dije y se pusieron muy contentos.

Papi me decía:

-Eh, zorrita, ven aquí con esa conchita, a ver como la tienes… ah, está mojadita, se ve que tenés ganas de tener un macho adentro. -Sí, papi, quiero una pijota bien sabrosa en la concha. Quiero que me hagan su perrita.

Papi y el tío se sentaron en el sofa y sacaron sus vergotas. Olían fuerte, a hombre y eran grandes y llenas de venas. Enseguida me tiré sobre ellos pero no sabía que hacer. Papi se enojó, me agarró del pelo y me metió la verga en la boca. Se puso de pie, obligándome a arrodillarme y empezó a cogerme la boca con la pija.

- Dale, puta, chupa ese pedazo de carne. ¿Querías pija? Acá tenés una verga toda para vos. Dale, puta, tragátela toda, y vos, hermano, aprovechá a la pendeja, ella te va a hacer todo lo que quieras, ¿no putita?

Quería parar porque me estaba lastimando el pelo y tanta verga no me entraba en la boca, me estaba ahogando con ese pedazo de pija. Mi tío se levantó, me arrancó la ropa y levantándome en el aire me ensartó la verga en mi conchita virgen.

Quedé totalmente en el aire. Agarrada con los brazos de las caderas de papi y chupándole la pija, mientras tiíto me sostenía de las caderas y me obligaba a enrollar las piernas alrededor de su cuerpo.

- Ay, hermano, no sabes lo que es la concha de tu nena. Jajaja, está virgen y bien cerradita. ¿Todavía no te habías pasado a la putita esta? – No, la concha te la dejé para vos, como arreglamos, pero eso si, el culo me lo dejas a mí…tenés que probarle la boca a esta nena rica, ¡no sabes como chupa! Ay, putita, me estás exprimiendo toda la lechita.

A esa altura ya estaba re caliente, tenía una pija enorme en la concha que me dolía un montón, pero no importaba porque me estaban llenando toda y de a poco el dolor pasaba a ser placer. La pija de mi papito estaba latiendo en mi boquita.

- A ver, putita, ¿querés tu lechita? – No sé como es, papi, ¿me va a gustar? – Te va a encantar, pero te la tenés que tragar toda, ¿escuchaste? Ayyyy, pendeja puta, dale, así, tragate la pija hasta el fondo y lamela. Así, así, así, ahhh…

Ahí empezó un metisaca frenético, agarrándome la cabeza y metiendo la pija hasta mi garganta. De pronto sentí una explosión en la boca y una sustancia deliciosa me invadió. Mmmmmhhh era lo más rico que había probado! Papi me estaba dando su lechita rica de macho y yo la estaba disfrutando.

- Muy bien, la nenita, mirá como se relame. Dijo mi tío que me bombeaba la concha desde atrás.

En ese momento cambiaron de posición. El tío se sentó en el sillón y me puso frente a él, para que lo cabalgara.

- Ahora vamos a cogerla los dos al mismo tiempo, dijo. Yo se la pongo por el frente a la pendeja y vos andá preparándole el orto. – No le preparo nada, dijo papi. Esta es tan puta que se va a tener que bancar mi pija así como viene. Nada de preparación para esta turrita. Que aprenda que tiene que hacer todo lo que los machos le pidan.

Mientras mi tío seguía dándome fuerte en la concha, papi me obligó a masturbarlo hasta tener el pene duro como un mástil. Se puso detrás de mí, y de una metió su verga en mi culito. Pegué un grito e intenté zafarme, pero después comprendí que no podía hacerlo, tenía que ser una buena perrita para mis dos machos.

Sentía el cuerpo de mi tío delante, lleno de vello, sudoroso… me mordía las tetas lastimándome los pezones y me encantaba, por detrás papi me apretaba con fuerza…

Me sentía en un sándwich de machos, llena de pija, con sabor a leche en mi boca, era una delicia.

La conchita me chorreaba jugo mientras estos hombres me cogían hasta el fondo gritándome puta y pegándome palmadas, me tiraban del cabello, me escupían y me apretaban las nalguitas y las tetas.

- ¿Vamos a acabar ahora? – Si, hagámoslo al mismo tiempo para llenar a esta puta de leche. – Ay, putita, vas a quedar llenita de leche. Ah, ah, ah siiiiiiii, perra, toda la colita y la concha deshechas te van a quedar… – Ay si! metánme las pijas bien adentro. Vamos! quiero sus vergas ahí, así, así, ahhhhhhh, ahhhhhhh voy a acabarrrrrrrrrrr, denme massssss, massssssss!

Mis machos gritaron y me apretaron con fuerza, sentí dos chorros poderosos de leche caliente golpear en mi interior, eso fue suficiente para acabar en un orgasmo enorme, el primero de mi vida…

Mi primera vez me encantó, les recomiendo a todas las chicas que tengan sexo con hombres mayores, con sus papis, tíos o hermanos. Así quedarán contentas de servir a un macho que aman y aprenderán lo que es ser una verdadera putita.

Autora: Nenita rica


Un relato erótico de Relatos - relatos@marqueze.net publicado el 19/02/2009, con 41.884 lecturas hasta la fecha

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