Publicar anuncio

Que mi marido no se entere

Comenzó a lamerme el coño como si se tratase de un animal, yo sentía como que mi clítoris iba a estallar, el placer era tal, que por un buen rato me mantuve con mis ojos cerrados, sin importarme que en cualquier momento apareciera mi marido.
Un relato erótico de Relatos publicado el 29/09/2009, con 36.949 lecturas hasta la fecha

Comenzó a lamerme el coño como si se tratase de un animal, yo sentía como que mi clítoris iba a estallar, el placer era tal, que por un buen rato me mantuve con mis ojos cerrados, sin importarme que en cualquier momento apareciera mi marido.

Diariamente ruego que mi marido, no se entere de lo que sucedió en casa, mientras él se encontraba compartiendo con sus amigos. Resulta que Rubén, mi esposo, y yo luego de tres años de casados, decidimos mudarnos a su pueblo, para que desde ahí él aparte de llevar su práctica privada administrase la hacienda que había heredado de su abuelo.

Desde que llegamos fuimos recibidos cordialmente tanto por su familia, como por gran parte de sus amigos de la infancia y de su juventud. Rubén es contador o contable y eso de administrar y llevar negocios se le da muy bien, al punto que apenas nos habíamos instalado en la gran casa de la hacienda, le comenzaron a llover negocios, de las otras haciendas para que él se hiciera cargo de toda su contabilidad. Hasta esos momentos la verdad me sentía de lo más ilusionada, pero al poco tiempo su trabajo comenzó a absorberlo mucho, al punto que había días que se acostaba sin hablarme prácticamente. Luego para completar, comenzó a salir con sus amigos, y en ocasiones no era que no llegaba a casa, sino que se los traía a todos, y me tocaba a mí atenderlos mientras él y sus amigotes se ponían a recordar cosas de su niñez.

En ocasiones me molestaba, pero no se lo hacía ver, para no dar un show en la casa. Pero a pesar de tratar de controlarme, siempre algo se me debía notar, ya que uno de sus más grandes amigos, comenzó sencillamente a preocuparse mucho por mi estado de ánimo. Durante esas visitas en principio él compartía con Rubén y el resto de sus amigos un rato, pero luego Marcos que es como se llama dicho amigo de mi esposo, se dedicaba a charlar conmigo en uno de los corredores de la casona. Pensar, que cuando estaban hablando sobre problemas de falda, el tal Marcos era el primero en decir que él como buen amigo sería incapaz de hacerle una proposición deshonesta a la mujer de un amigo suyo, alguno se burlaba de sus expresiones, pero la mayoría las tomaba en serio. Ya que dicho individuo, tenía fama de jamás faltar a su palabra, fuera cual fuera la circunstancia en que la hubiera dado.

Durante un buen tiempo me acostumbré a la presencia de Marcos, aparte de que era un magnífico conversador, también resultaba ser una persona que sabía escuchar a una. Marcos pasó a ser mi paño de lágrimas, como quien dice. Mientras que Rubén, poco era el caso que me hacía realmente, por lo que cuando llegaban los fines de semana yo íntimamente deseaba su llegada. Para colmo de males un buen día me doy cuenta de que mi marido, le encantaba ver películas porno, y en la oficina tenía un archivo completamente lleno de esas películas, en VHS. Sin que él se diera cuenta, yo comencé a mirarlas también. Lo que me trajo en consecuencia el que comenzara a pensar en sexo de manera casi constante, para completar la hacienda de la familia de mi marido se dedicaba a la re-cría de reses para carne y leche, por lo que era común ver cómo le soltaban las vacas a los padrotes, y estos realizar con tanto esmero su labor.

En ocasiones desde una de las ventanas de nuestra habitación, podía ver casi en primera fila sin que nadie me viera, como los toros montaban a las vacas, y en el fondo llegué hasta envidiarlas. Aunque desde niña en el colegio de las monjas nos decían que no debíamos tocarnos bajo la falda a no ser que no fuera por cuestiones de aseo personal, y de manera muy reservada, yo con el tiempo descubrí lo bien que me sentía cuando me acariciaba mi coño yo misma. Por lo que de cuando en cuando, cuando mi marido no me atendía por estar tan inmerso en su trabajo, yo esperaba que él saliera y rápidamente me ponía a ver una de esas películas, como ya les dije sin que se enterase. Me pude controlar gracias a los consejos de un amigo de mi esposo, me pidió que me pusiera a caminar, que dejase de ver esas cintas, que ocupase mi tiempo en cosas constructivas, y realmente eso funcionó en parte. Hasta cierto momento, en que Rubén sencillamente no se daba cuenta de que yo existía. Llegó uno de esos fines de semana y ante la expectativa de que Marcos apareciera, se me metió entre ceja y ceja, el seducirlo.

Pero para serles franca no sabía cómo hacerlo, lo único que tenía de referencia eran los videos, en los que yo veía que cuando una tipa de esas se quería acostar con un hombre, sencillamente le mostraba sus partes íntimas. Además de ser sumamente complaciente con esa persona, pero como les dije eso eran los videos, y realmente en el fondo tenía un miedo tremendo de lo que pudiera suceder. Pero entre una cosa y otra me armé de valor, de paso me encontraba molesta con mi marido, ya que una de las cocineras me vino con el chisme, de que lo habían visto entrando temprano y saliendo tarde, del burdel que hay a las afueras del pueblo. Yo me imaginaba que algo de eso podía estar pasando, pero no lo consideré una traición, como tal. Sencillamente es algo común entre los hacendados de esa región, pasar de cuando en cuando por ese lugar. Pero decidí seducir a Marcos de manera particular, primero me puse una ropa bastante llamativa, que desde luego mi marido ni atención le puso, luego de la acostumbrada reunión del viernes en la noche, Marcos como de costumbre se sentó frente a mí en uno de los corredores de la casona.

Él si se dio cuenta de inmediato de mi ropa, y aparte de alabar mi buen gusto por mi manera de vestir, le prestó una mayor atención a mis piernas, por aquello de darme algo de valor, comencé a tomar una copita de vino, mientras charlaba con el amigo de mi esposo. Ocasionalmente cambiaba mi posición al sentarme, con toda la intención de llamar más su atención sobre mis piernas, cada vez que lo hacía me sentía un poco más atrevida, mientras que el tal Marcos miraba discretamente mi oculto coño tras las pantis, o se extasiaba viendo mis senos que prácticamente se encontraban casi totalmente fuera de mi blusa. En una de esas, pude observar un enorme bulto en su entrepierna, pero discretamente oculto bajo sus manos. En esos momentos nuestra conversación se tornó algo atrevida, habíamos comenzado hablar sobre el negocio de Rubén, en términos generales y durante los últimos cinco minutos el tema era sobre un condenado toro, y de la manera en que se lo tiraban a las vaquillas.

Me dieron ganas de ir al baño, y tras disculparme por un momento con la excusa de ver que todo el mundo fuera debidamente atendido, entré a orinar, al terminar se me ocurrió quitarme las pantaletas a ver como actuaba Marcos. Al regresar apenas me senté frente a él, le dejé ver abriendo mis piernas, sin vergüenza alguna de mi parte, que no tenía nada puesto. Él desde luego se dio cuenta de ello de inmediato, su mirada quedó fija entre mis piernas, eso lo delató al momento. Mientras que mi esposo, se dedicaba continuar charlando y bebiendo con el resto de sus amigotes, sin ponerme la menor atención a mí. Claro que en ese mismo sitio sería demasiado arriesgado de mi parte el que yo continuase con mi plan, por lo que se me ocurrió sencillamente pedirle a Marcos que me ayudase a colocar el nuevo equipo de DVD en mi habitación, el último regalo que mi esposo me había dado.

Él aceptó gustoso, y sin llamar la atención nos dirigimos al dormitorio, me aseguré que nadie de la servidumbre nos fuera a ver, por Rubén no me preocupaba. Sentí el cuerpo del amigo de mi esposo, que me abrazaba y apretaba contra él, yo sencillamente me dejé llevar, y me entregué por completo entre sus brazos. Contrario a Rubén al que amo, a Marcos sencillamente lo deseaba, pero como estaba brava con Rubén decidí continuar hasta lo último con uno de sus mejores amigos. Las manos de Marcos me acariciaban todas, las sentí de momento sobre mis desnudas nalgas, y eso aparte de darme algo de vergüenza, el solo roce caliente de sus manos sobre mi piel, me excitó bárbaramente.

Ambos nos besábamos como unos desesperados, a los pocos segundos yo ya me encontraba casi del todo desnuda, con mi ropa a mis pies, mientras que algo desesperada comenzaba a tratar de quitarle la ropa a él. Por debajo de la tela de su pantalón podía sentir el calor y lo duro de su miembro, contra mi piel. Apenas le fui bajando el pantalón y su ropa interior, dejé en libertad a su verga, erecta en un ángulo de más de 60 grados, yo me encontraba casi arrodillada ante Marcos, con mi rostro tan cerca de su cosa, que nada más me bastaba sacar la lengua para tocárselo.

En ese momento levanté mi vista y tras ver en su rostro el deseo de que se lo mamase, sin perder tiempo comencé a lamer, chupar y hasta mordisquear su erecta verga. Me comportaba como una loca chupando, y acariciando su pene, y pensar que a mi propio marido, me he negado hacerle eso tantas veces. Pero en el caso de su amigo era algo completamente distinto, como sí para mí fuera casi una necesidad el chupar su verga.

Luego de un buen rato, él mismo me hizo detenerme, me imagino que por no venirse dentro de mi boca, y continuar haciéndolo de otras maneras. Me levantó del piso, y me acostó boca arriba sobre mi cama, yo esperaba deseosa sentir su pedazo de carne dentro de mí, pero en lugar de eso, comenzó acariciar mi clítoris con algunos dedos, mientras que con los de la otra mano, comenzó a penetrarme suavemente, primero con un par de sus dedos, pero poco a poco me fue introduciendo los demás y hasta gran parte de su mano. Mientras que con su boca, no sé cómo se las arregló para chuparme los pezones de mis tetas.

Durante esos momentos alcancé uno de los más divinos orgasmos que en mi vida había sentido, pero eso no se quedó así, sin perder tiempo, él comenzó a lamerme el coño como si se tratase de un animal, yo sentía como que mi clítoris iba a estallar, el placer era tal, que por un buen rato me mantuve con mis ojos cerrados, sin importarme que en cualquier momento apareciera mi marido.

Marcos dejó de mamarme el coño, y se colocó sobre mi cuerpo, el sentir su caliente y dura verga dentro de mí, es algo imposible de olvidar, tras un rato en esa posición cambiamos y me colocó boca abajo, pero para volverme a penetrar por el coño, divinamente. Yo volví a tener otro divino orgasmo, y creo que mis gritos de placer se debieron escuchar hasta en Pequín.

Cuando yo pensaba que todo estaba por terminar, sacó su verga de mi coño, y volvió a introducirme alguno de sus dedos dentro de mi coño de manera tan particular, que casi me orino encima. Pero a medida que me toqueteaba el coño sabrosamente, Marcos comenzó a meter algunos de sus dedos llenos de saliva por mi culo, lo que me asustó algo, ya que jamás ni mi marido siquiera, me había hecho eso.

Pero era tan sabrosa la manera en que me estaba metiendo parte de su mano dentro de mi coño, que realmente dejé de prestarle atención a sus dedos dentro de mi culo. Hasta que dejó de hacerlo, y sin decirme nada me agarró y me puso boca arriba de nuevo, me hizo levantar las piernas y poco a poco fue introduciendo su verga en mi aún virgen agujerito, por supuesto al principio me resistía, pero él me sujetaba fuertemente de mis caderas, impidiendo así que pudiera sacármela, hasta que comenzó a pasar el dolor y a sentir mucho placer de tener esa caliente y dura verga en mi interior, logrando excitarme al máximo, pidiendo cada vez más.

Hoy en día mi amante y yo continuamos manteniendo relaciones, en ocasiones mi esposo se ha llegado acostar aún con la cama algo caliente, por la estadía de mi amante. Pero ni cuenta de eso se ha dado, el pobre.

Autor: Narrador


Un relato erótico de Relatos - relatos@marqueze.net publicado el 29/09/2009, con 36.949 lecturas hasta la fecha