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Soy tu niña, soy tu putita. Padrino

José: Mmmm estas bien rica mi niña, mi putita. Dime que eres mi niña y mi putita. Yo: Soy tu niña, soy tu putita. Padrino. José: Yo lo se mami y a las putitas como tú les gusta que las bombeen bien rico.
Un relato erótico de Regiomontana Anonima publicado el 02/09/2013, con 42.471 lecturas hasta la fecha
Hola que tal; mi nombre es Ana Gaby, tengo ahora 28 años y les contaré lo que pasó con mi padrino ya hace algunos muchos años, precisamente en mi niñez, hace 20 años.
Mis padres al fin después de varios años de casados pudieron comprar su casita en un lugar del norte de México; al principio la colonia, como toda colonia recién entregada, estaba muy solitaria, sólo vivían mis padres, el matrimonio de José y Lupita y otra pareja más que no duró mucho ahí.
En los días los hombres se iban a trabajar, y las vecinas se cuidaban y apoyaban entre si por que se sentían solas. Así empezaron a frecuentarse Lupita y mi mamá, de nombre Margarita. Se juntaban para hacer de comer y cosas así. José y mi papá, de nombre Ramón, no se veían seguido, por motivos laborales, hasta que un sábado, que era cuando los hombres salían temprano de trabajar, Lupita y mi mamá hicieron de comer juntas a lo cual ellos estuvieron de acuerdo, para conocerse mejor. De ahí en adelante los 4 empezaron una bonita amistad y relación de vecinos.
A los meses mi mamá salió embarazada y otros meses después nací yo. Dice mi mamá que Lupita y José no podían tener hijos a pesar de ya llevar más de 5 años de casados, así que estaban encantados conmigo, me daban muchos regalos, me cargaban, me consentían, mis padres vieron el amor que ellos tenían hacia mi y a mi mamá se le ocurrió la grandiosa idea de hacerlos compadres, mis padrinos de bautizo, a lo que ellos accedieron encantados de la vida.
Los años pasaron, ellos seguían de padrinos consentidores conmigo y llevando la relación de compadres excelentemente con mis padres.
Poco antes de cumplir los 8 años mi mamá nos dio la noticia de que estaba embarazada, me emocioné tanto, al fin iba a tener un hermanito o hermanita. Pero algo se complicó con el embarazo de mi mamá y tenía que estar en reposo absoluto por lo menos hasta el quinto mes de embarazo. Ella ya no podría atenderme al 100 % ni llevarme a la escuela, ni llevarme lonche a la hora de recreo ni llevarme al parque los fines de semana. Pensó en contratarme una niñera, pero mi madrina Lupita dijo que con mucho gusto ella podía apoyarla con eso, que no necesitaba contratar a nadie más.
Ahora Lupita se encargaba de mi mamá y de mi cuando mi papá no estaba, me llevaba a la escuela, me llevaba lonche, hacia la comida para todos, cuidaba a mi mamá, también se ofreció en acompañarla a sus consultas con el ginecólogo.
Llegó una mala temporada para mi padrino José y lo despidieron de su empleo, mientras encontraba trabajo estaba en su casa y le ayudaba a Lupita con las labores domésticas.
Se acercó el día de la cita de mi mamá con su ginecólogo, Lupita la acompañaría y le pidieron a mi padrino si podía recogerme en la escuela y cuidarme en lo que ellas regresaban de su cita, a lo cual él no se negó para nada.
Como olvidar ese día. Tocó el timbre de salida en la escuela y al acercarme a la puerta de salida ví a lo lejos a mi padrino José, me emocioné mucho y corrí a abrazarlo y darle muchos besitos, por todos lados de su cara, en la frente, en los cachetes, mentón; pero no sé como pasó y entre tanto alboroto se me fue un beso en la boca, nada fuera de lo normal, sólo un pico como los demás que le dí. Luego de eso, se quedó callado y me bajo de sus brazos, quedandose pensativo.
Yo: Estás enojado padrino?
José: No mi amor, ¿por qué?
Yo: Es que me bajaste de tus brazos.
José: Es que me cansé mi reina, has crecido mucho, estás más grande y ya eres una mujercita.
Rápidamente nos subimos a su carro y nos dirigimos a su casa, en el camino me explicó que él me cuidaría por que mi mamá y Lupita habían ido al doctor a ver como estaba creciendo mi hermanito.
Yo: Y a que hora llegarán mi mamá y mi madrina?
José: No lo sé mi amor.
Yo: Y que pasa si me aburro?
José: No te aburrirás, yo te voy a cuidar y vamos a jugar a algo muy divertido.
Yo: A qué jugaremos?
José: No comas ansias mami, ahorita lo sabrás
Se me hizo extraño que me dijera mami, nunca me había dicho así. Llegamos a su casa, él me ayudó a bajar mi mochila, entramos y me ofreció de comer sopita con pollo que había dejado Lupita pero por el momento yo no tenía hambre. Me fui a la sala y saqué mis libretas para empezar a hacer la tarea. Vi como mi padrino entró a su cuarto y sin cerrar la puerta se quitó su camisa y quedó sólo en camiseta de tirantes, luego se quitó su pantalón y quedó en un short delgadito (años después supe que se llamaban boxer). Yo seguí haciendo mi tarea y en eso sonó el teléfono y me pidió de favor que contestara. Era mi madrina, me preguntó como estabamos y le dije que bien, me dijo que iban a demorarse mucho ya que el ginecólogo de mi mamá había tenido una emergencia con otra paciente y se le juntaron muchas citas y había como 10 pacientes adelante de mi mamá; yo le dije que no había problema y colgué. Le comuniqué a mi padrino lo que su esposa me había dicho.
José: Se van a tardar entonces
Yo: Si un poco
José: Sabes Ana Gaby, me gustó mucho el besito que me diste en la escuela.
Yo: Pero ese beso es malo padrino, los grandes son los que se besan así y yo soy pequeña aún.
José: No mi amor, tu ya eres una mujercita, te lo dije hace rato
Yo: Y eso es bueno padrino?
José: Muy bueno mi amor y como ya eres grande y eres una mujercita puedes regalarme más besitos de esos.
Yo: Bueno, (y rápidamente me acerqué y le dí un beso igual de veloz como el de la escuela.)
José: Que rico mi amor, pero dámelo más despacito, o mejor yo te lo doy a ti para que sepas como es.
Yo: Esta bien padrino.
Él se acercó y me besó muy lentamente, abriendo su boca, pasando la lengua por mis labios, yo intentaba hacer lo mismo pero muy torpemente y empecé a reírme por que sus bigotes me hacían cosquillas.
José: Te gustó mami?
Yo: Si, pero tus bigotes hacen muchas cosquillas.
José: Ya te acostumbrarás. Ahora dime algo ¿Qué juguete tienes ganas de tener?
Yo: El micro hornito me gusta mucho y se lo voy a pedir a Santa Claus cuando sea navidad.
José: Yo te lo regalo mi amor, no hay que esperar a navidad, pero tienes que portarte muy bien conmigo y hacer lo que yo te diga.
Yo: Si padrino, me portaré bien
José: Tengo un amigo que le gustaría que lo besaras también, quisiera que lo beses como yo te diga y si lo haces bien mañana te compro tu micro hornito.
Yo: Si padrino y quién es tú amigo?
José: Es él... (me toma la mano y la pone en su pene, sobre el boxer)
Yo: Ese es tu pipí padrino, esta muy duro y grande.
José: Si mami es mi pipí pero le gusta que lo besen, si quieres tu juguete lo besarás y chuparás, yo te diré como.
Yo: Si padrino
Sacó su pene de bajo su ropa, era una cosa muy larga pero delgada, un color oscuro y un pellejo raro, pero luego mi padrino movió ese pellejo y salió un casco de bombero que me dio mucha risa. Me lo acercó y yo empecé a darle besitos, piquitos luego mi padrino me dijo que lo chupara como paleta y empecé a pasarle la lengua por todo su pene. Me dijo que abriera mi boquita, que me lo metería y que teniéndolo dentro cerrara mi boca y lo chupara como chupo los hielos (me gustaba chupar los hielos de mi refresco jeje) yo empecé a hacerlo, a mi manera de pensar pues era torpemente pero mi padrino me decía que lo hacía muy bien, que siguiera haciendo eso. Luego me tomó de la cabeza y empezó a jalarme hacia él, metiendo y sacando con más fuerza su pene, casi me lo mete hasta la garganta y eso me producía mucho asco, me quería alejar pero la fuerza de él no me dejaba. Luego sentí algo muy caliente y de sabor amargoso al mismo tiempo que mi padrino suspiraba y bajaba la fuerza de su embestida. Lo que sentí dentro de mi garganta hizo que vomitara sobre el pene de mi padrino José. Más que nada yo estaba preocupada de no ganarme mi micro hornito jejeje.
José: Lo hiciste muy bien mi amor.
Yo: Pero te vomité padrino
José: Eso no importa, irás aprendiendo a hacerlo y luego a ya no vomitar. Pero te voy a pedir otro favor.
Yo: Cuál padrino?
José: Nadie debe saber esto, ni tu papá, ni tú mamá ni tu madrina, nadie nadie, ni tus amiguitas, nadie, esto será un secreto entre tu y yo, por que si alguien lo sabe ya no nos dejarán jugar y yo no podré darte ningún premio. (e hizo una cara triste)
Yo: Esta bien padrino, será nuestro secreto.
El día transcurrió tranquilo, terminé mi tarea, y me dormí un rato. Mi mamá y mi madrina llegaron cerca de las 5pm
Al día siguiente cuando llegué de la escuela, estaban mis padrinos en casa, me dijeron que me tenían una sorpresa que fuera a mi cuarto. Al ir vi sobre mi cama una caja con envoltura de Barbie con un moño rosa; abrí ese gran regalo y era el micro hornito.. Mi padrino había cumplido!
Mi padrino no conseguía trabajo y las necesidades económicas se les complicaban más y decidió rentar un taxi. Mi mamá seguía delicada de su embarazo y mi madrina nos apoyaba mucho mientras mi papá trabajaba. Mi padrino ya iba por mi todos los días a la escuela ya que el taxi le daba el tiempo para hacerlo.
Cada mes que mi mamá tenía su cita con el ginecólogo mi padrino me cuidaba, era cuando podíamos estar solos más tiempo y jugabamos a los besitos en la boca y a su amigo, según mi padrino aprendí a hacerlo muy bien y cada que jugabamos al día siguiente me daba un regalo y eso me emocionaba mucho. Así pasaron varios meses, casi todo el embarazo de mi mamá, cada que tenía sus citas Lupita la acompañaba y José me cuidaba.
Llegó el día que nacería mi hermanito o hermanita y obviamente Lupita acompañó a mi mamá al hospital, llamaron a mi papá y él las alcanzaría allá y a mi me dejaron a cuidado de mi padrino. Él estaba triste supuestamente...
Yo: Padrino que te pasa? Estás triste?
José: Si mi amor estoy muy triste.
Yo: Y por que padrino?
José: Por que ya va a nacer tu hermanito y tu mamá se recuperará y ya no tendrá que ir al ginecólogo y ya no te voy a cuidar y ya no jugaremos a los besitos.
Yo: Pero podemos jugar algunas veces.
José: Pero no será igual mami, así que hoy tendremos que jugar nuestro último juego, el juego de despedida.
Yo: Despedida? Y ya no me darás más regalos? (era lo que más me apuraba de todo el asunto jeje)
José: Claro que si mi amor, cada vez que pueda yo te daré muchos regalos, pero si hoy nos despedimos muy rico lo haré.
Yo: Si padrino vamos a despedirnos.
Como cada mes y cada semana en el último mes y medio, empecé a lamer ese largo y flaco miembro, como ya me había enseñado mi padrino, y que a cambio de regalos, yo lo hacia con gusto.
José: Ahora yo haré algo que seguramente te va a gustar.
Yo: Qué vas a hacer padrino?
Él me quitó mi falda, me bajó los calzoncitos y yo me tapaba con las manos por que me daba pena que me viera así. Me dijo que no me tapara, que no tuviera pena. Quité las manos de mi pequeña y lampiña partecita y él con sus manos abrió mis piernas y después separó mi vaginita, se acercó y empezó a lamer con la punta de su lengua.
Era una sensación extraña, unas cosquillitas ricas, que provocaban que mi pequeño cuerpo de niña se estremeciera y quisiera más y más. Mi padrino no se detenía y yo sentía unas ganas terribles de orinar y se lo comenté a mi padrino; me dijo que me tranquilizara, que era normal lo que sentía y que si no podía contenerlo que lo soltara que sentiría muy rico. (Ahora sé que eso muchas veces es el orgasmo).
Yo: Mmm que rico se siente padrino.
José: Yo sabía que te iba a gustar por eso quise despedirme así de ti.
Siguió así, lamiendo mis pequeños labios y el clítoris muy bien escondido que había por ahi. Esa deliciosa sensación que recorría mi cuerpo estaba a punto de explotar. Y de un momento a otro lo hice, solté esas ganas de orinar que le dije a mi padrino y él chupaba mi pequeña conchita muy rápidamente hasta que le dije que ya no lo hiciera porque no aguantaba más.
José: Prepárate que ahora viene lo mejor mami.
Yo: Y que es lo mejor padrino?
José: Te voy a hacer mujer
Yo: Y cómo voy a ser mujer?
José: Ahorita lo verás
Mi padrino siguió en mi conchita, con una mano abrió mis labios y con la otra lentamente intentó introducir un dedo, pero me dolió mucho, lo empujé y cerré las piernas.
José: Qué pasa mi amor?
Yo: Eso duele, no me gusta que duela.
José: Pero no más será un momento, ahorita te va a gustar.
Yo: No, no me gustó lo que se siente.
José: Andale chiquita, mañana te compro el regalo que quieras, el más mejor de todos.
Yo: No, ya no quiero regalos, ya no quiero jugar, ahora me duele, antes no me dolía.
En ese momento cambió el semblante de mi padrino, ya no tenía mirada de padrino bueno y dulce, ahora se le transformó en mirada de enojo, mucho enojo.
José: Ya me tienes hasta la madre niña chillona, no te estoy preguntando, te estoy diciendo y haré lo que quiera hacer contigo. Eres una pequeña zorrita y te ayudaré a serlo aún más. ( me lo dijo apretando mis brazos, levantandome del sillón y mirandome muy enojado)
Yo: Por favor padrino, déjame -Le dije entre sollozos-
José: No te voy a dejar hasta que se me dé la gana ( me empujó y caí al piso)
Estando en el piso él se aventó sobre mi, comenzó a besarme, pero ahora yo me resistía, ya no era amoroso como cuando empezó a hacerme cositas ricas, ahora era enojón. Besaba mis labios con prisa, más bruscamente mientras sus manos se metían entre mis ropas tocando el lugar donde ahora hay un par de enormes pechos. Yo estaba muy asustada, sólo lloraba, le hablaba a mi mamá para que me ayudara, pero mi mamá no estaba ahí. Estaba sola yo con él, con esa bestia hambrienta de sexo. Con ese padrino que me robó la inocencia comprándome con regalos en cada oportunidad que tenía. Convirtiendo uno de mis juegos favoritos en el juego más desagradable de todos, yo no podía con él, con su fuerza y su furia, tenía que aguantar lo que él quería.
Abrió mis piernas y apuntó su pene en mi conchita. Yo sólo imaginaba que si el dedo me había dolido mucho pues el pene sería mucho más doloroso. Empecé a manotear, a gritar, a llorar, pero nadie escuchaba mis gritos, nadie me auxiliaba.
De repente sentí como de un golpe me dejó ir toda su verga, sentí un dolor insoportable, el peor dolor que eh sentido en mi vida, creo que hasta casi me desmayo. Eso me hizo perder algo de fuerza, ya no podía luchar por librarme, quería hacerlo pero no tenía la energía para ello.
José: Ay chiquiita que apretadita estas, pero ahorita te aflojo. Te gusta mi amor?
Yo: No (a duras penas pude responderle)
José: Dí que si te gusta, dímelo (Me dijo jalandome del pelo)
Yo: Me gusta (tenía miedo así que decidí obedecer)
José: Yo sabía que te gustaría mi amor, a todas las putitas como tú les encanta.
Mi padrino se levantó, me dijo que me levantara pero yo no podía y él enojado me levantó a jalones, puso mi cuerpo en el sillón y yo quedé con las nalguitas paradas. Nuevamente se acomodó y me la metió. Fue molesto pero ya no me dolió tanto como en la primera metida.
José: Mmmm estas bien rica mi niña, mi putita. Dime que eres mi niña y mi putita.
Yo: Soy tu niña, soy tu putita. Padrino.
José: Yo lo se mami y a las putitas como tú les gusta que las bombeen bien rico.
Empezó a moverse más rápido, a estrujarme y apretarme como podía, diciéndome que era una puta, que estaba bien rica y cosas por el estilo.
José: Toma lechita mami tu conchita quiere mi leche mmm
Hizo unos movimientos más duros y luego de unos segundos se detuvo. Había terminado, terminado dentro de mi.
Yo me quedé inmóvil en el sillón, adolorida de mis brazos pero sobre todo de mi vaginita, recién rota por ese hombre, el hombre que era prácticamente como mi segundo padre.
Por su parte él se recostó unos minutos en el piso.
Pude ver algunas manchas de sangre en su ropa, seguramente era por haberme roto.
Luego de un rato salió un momento, no tardo ni 10 minutos y regresó con ropa mía (teníamos un escondite secreto para la llave y él y Lupita lo conocían).
José: Date un baño y te cambias, yo limpiaré todo esto.
Yo: Sí
Me metí al baño, oriné pero me ardió mucho, luego me limpié y en el papel de baño salío sangre y semen de él. Me dí un baño, estaba muy asustada y lloraba dentro de la regadera. Demoré un rato en la ducha. Salí, me cambié y me senté en el sillón y pensaba en lo que me había pasado.
José: Mi niña hermosa, gracias por esta despedida.
Yo: Ahorita que venga mi papá te voy a acusar.
José: Acusame, no hay problema. Sólo que si tú me acusas yo mataré a tu hermanito y a tú mamá.
Yo: No, no por favor no lo hagas.
José: Pues tú quedate callada, si dices una sola palabra los mato entiende eso.
Ya no dije nada, me quedé en el sillón hasta que anocheció. Al fin llegó mi papá por mi y nos dijo a mi padrino y a mi que ya había nacido el bebé y era una hermosa niña. A pesar de lo que pasó yo me emocioné mucho con la llegada de mi hermanita y quería conocerla. Papá y yo no fuimos a casa a dormir.
Al día siguiente llegó mi mamá con mi hermanita, muy bonita, como yo era de bebé. Mi padrino quiso cargarla y se me vino a la mente todo lo del día anterior. Rápidamente me aventé a mi padrino y lo mordí, no quería que agarrara a mi hermanita, pensé que querría hacerle daño. Le grité que no le hiciera nada, que yo la defendería de él y de todos por que era mi hermana y yo la amaba y no quería que nadie la dañara. Todos pensaron que eran celos de hermana mayor, pero la realidad es que era miedo, temor a que cuando creciera le hiciera lo mismo que a mi.
Me deprimí un poco, mis calificaciones bajaron mucho, ya no quería salir a jugar con mis amiguitas, no quería ver a mis padrinos y trataba de evitar los encuentros con ellos.
Para mi fortuna a mi papá le ofrecieron un muy buen trabajo en la Ciudad de México y dejamos todo atrás, nuestra casa, mis padrinos. Con los meses mi depresión fue pasando, hasta que me recuperé, no por completo, pero si para simular estar bien ante los demás.
Han pasado 20 años de eso; ahora con la maravilla del internet y las redes sociales mi padrino me ha encontrado pero aún no lo acepto y jamás lo haré. Después de ese día nada fue igual para mi, me destruyó la inocencia, me destruyó la vida y por eso lo odio con todas mis fuerzas

Un relato erótico de Regiomontana Anonima publicado el 02/09/2013, con 42.471 lecturas hasta la fecha