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Una visita a la sauna

Estando de vacaciones, me recomiendan una nueva sauna gay. Voy a conocerla y...
Un relato erótico de Heredia publicado el 21/04/2004, con 57.003 lecturas hasta la fecha

Hola, Soy Andrés nuevamente.

Hace meses no relato mis historias, ha sido por falta de tiempo y cuestiones de trabajo.

A continuación narró los sucesos de la semana pasada en una ciudad turística del sur de España.

Estaba disfrutando de unos merecidos días de descanso, cuando un amigo me comenta de una sauna gay recién abierta en la ciudad, la cual me recomendó mucho y sugirió llegar a la hora de apertura ya que concurría mucha gente.

La verdad que esta muy bien acondicionada y organizada.

Entré en los vestuarios y me quite mi ropa. Desde ese mismo momento empieza el juego de miradas y la selección de las posibles "presas".

Si recordáis mis preferencias, me encantan los hombres mayores, velludos y gruesos, y a primera vista tenia varios candidatos.

Salí del vestuario con mi toalla en la cintura y me dispuse a conocer el local. Caminando por los pasillos se veían toda clase de hombres, pero mayoritariamente los clasificados como osos. Esos especímenes gruesos, velludos y con barba, que tanto agradan a la vista. Había de todas las edades, colores y sabores.

Al caminar por los pasillos, vi a un señor de más de 55 años en una cabina acostado con una pierna cruzada que dejaba ver su muslo grueso, velludo y blanco. Pasé de largo para volver sobre mis pasos y recrear la vista. Tanto me gustó, que pasé a la cabina y cerré la puerta.

Él se levantó y, sin mediar palabra, nos dimos un beso eufórico con lengua, masajeando todo el cuerpo. Era un hombre alto, fornido, no muy velludo, con barriga típica de los hombres maduros. Tenía tatuado un ancla en el brazo izquierdo.

Por instinto empecé a besar su cuello, bajé a sus tetillas rosadas, seguí por la barriga firme y llegué a su miembro que ya estaba tan duro como podía. No voy a exagerar diciendo que era de 20 cms. Era normal, de textura suave, firme y con una curvatura hacia mi derecha. Lo chupé tan suave como sé y le gustaba, pues cerraba los ojos y exclamaba suspiros suaves. Sus testículos eran pequeños y estaban contraidos. Los mamé con dulzura. Seguí bajando en busca de su ano pero me detuvo diciendo que eso le excitaba mucho y que podía eyacular enseguida.

Entonces fue él quien me besaba todo el cuerpo, desde las orejas hasta el empeine de los píes. Se entretuvo mucho tiempo en mi miembro. Creo que unas cervezas que me tomé antes de entra en la sauna, me ayudaron a no derramarme en su boca. Le gustaba mucho mamarme la polla y viendo que no tenia síntomas de correrme, siguió en esa labor.

Cambiamos a un 69, pues yo también tenia ganas de mamarle la polla. Ambos nos dilatábamos el culo con masajes circulares, metiendo hasta dos dedos.

Me dijo que saldría a buscar preservativos. Espere acostado, con la puerta entreabierta lo cual fue aprovechado por más de uno para mirarme lascivamente y hacerme señas de entrar, las cuales rechacé.

Al volver me pregunto si me habían molestado los "clientes". Conteste que no, que no lo consideraba una molestia.

Seguimos en lo nuestro. Se arrodillo en el borde de la cama y empece a besarle el culo de las formas que conozco. Tenia el culo dilatado lo suficiente para que le entrase media lengua. Hasta que me pidió que se la metiera cuanto antes. No me hice esperar y le metí la cabeza, y sin darme cuenta, empujo su cuerpo hacia el mío y se la enterró completa, de un tirón. Que gusto tan grande.

Lo rodeé con mis brazos y tomé con una mano su pecho, y con la otra su pene, haciéndole una paja. Mientras tanto besaba sus orejas y cuello.

Luego se acostó boca arriba y le puse el condón, para sentarme en su miembro. Lo hice despacio para darme gusto y que no me doliera tanto. Fue entrando el glande poco a poco, hasta tenerlo todo dentro de mí. Esa posición me gusta mucho porque tengo el control de los movimientos y las manos libres para otras cosas.

Mientras subía y bajaba, acariciaba su pecho, lo besaba a lo que respondía haciéndome una paja deliciosa.

Me dijo que quería hecharme la leche en el pecho, y cambiamos de posición: me acosté en la cama con la cabeza fuera y él de píe, follandome la boca y mamándome la polla. (una variedad del 69 con uno de pie y el otro acostado)

Al cabo de rato yo estaba a punto de reventar y se lo dije, pero él aún no estaba listo. Dejo de mamármela y aceleró su movimiento de cadera metiéndomela hasta el fondo de la garganta. Menos mal que tengo experiencia chupando pollas...

Cuando estaba listo me lo dijo y yo me masturbe rápido para corrernos juntos.

Fue una explosión de semen en todo mi pecho y barriga. Quedamos exhaustos y reposamos un rato para tomar algo de aliento.

Tuvo la delicadeza de salir y traerme una toalla para limpiarme el semen de mi cuerpo. Ese detalle me gusto mucho.

Salimos a las duchas a quitarnos los líquidos corporales. Son duchas individuales, pero nos metimos los dos en una misma, nos untábamos jabón mutuamente, hecho que no pasó desapercibido para ciertos ojos curiosos. El contacto físico y el agua hicieron despertar nuevamente ganas de estar juntos.

Fuimos al bar a tomar algo refrescante. En la barra estabamos agarrados de la mano, acariciando la pierna del otro, dándonos besos, etc.

Volvimos a la cabina y lo hicimos otra vez, igual de excitante que la primera.

Al salir, se despidió con un beso y me dio su tarjeta con su numero de móvil.

Yo me quedé ya que tenia ganas de relajarme un poco en la sauna finlandesa y darme una chapuzón en la piscina.

Eso se los contaré en el próximo relato.

Espero os haya gustado.

Gracias a los lectores por sus comentarios y valoraciones.

Hasta pronto,


Un relato erótico de Heredia publicado el 21/04/2004, con 57.003 lecturas hasta la fecha

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